La frecuencia 11.11.11

En el programa de Holística del día de la fecha hable del 11:11 porque surgieron preguntas.

No hubo tiempo de desarrollar el tema por lo cual, acá les dejo más información para que se aclare más lo que significo este portal en la historia del planeta tierra. Recordemos que el 11:11 fue el portal hacia el SALTO CUÁNTICO. La frecuencia 11.11.11 desveló las verdaderas historias que tienen lugar detrás de fachadas envidiables, de vidas aparentemente perfectas, ajenas a las crisis y a los estragos del sufrimiento. Nos enseña que cada uno TIENE SU PROPIA CRISIS QUE ATRAVESAR. Los maquillajes cada vez menos son efectivos a la hora de tapar las crisis y los desequilibrios que por ser humanos en evolución debemos atravesar.

Sin embargo, hay recursos que nos aporta el conocimiento de nosotros mismos para sobrellevar estos momentos de forma efectiva y saludable.

A nivel del mundo interior, la crisis designa el vivir en una situación crucial que desorganiza la conducta.

No importa qué tipo de crisis sea, el evento es emocionalmente significativo e implica un cambio radical en la existencia. El individuo enfrenta un problema ante el cual sus recursos de adaptación, así como sus mecanismos de defensa usuales no funcionan. El problema rebasa sus capacidades de resolución y por lo mismo se encuentra en franco desequilibrio.

Ahora bien. Usted no fue creado por un Padre que desconoce los pasos que tenemos que dar para avanzar en nuestro camino de evolución. Las crisis, bien dicen los chinos, son una oportunidad para ponernos a prueba.

No es mala suerte. No es ninguna racha. No es que algunos escapan de ellas porque son afortunados. Nada lleva en forma continua una vida soñada. Basta que tome cualquier caso, cualquier persona, para observar:

Quien tiene muchísimo dinero, no posee salud o no puede encontrar pareja. Quien tiene una vida familiar plena, no llega a fin de mes.

Quien llega a fin de mes, tiene una familia bien constituida y no se puede quejar de su salud, pero aborrece el trabajo que lleva a cabo todos los días, todos los años, toda la vida y siente un dejo de envidia por aquel que tal vez percibiendo un salario más modesto, ama lo que hace y espera de buen talante el día lunes para poner manos a la obra.

No debemos confundir imágenes prefabricadas de personas a quien parecería que la vida les sonríe ininterrumpidamente con la verdadera persona que se esconde detrás de una bien esculpida máscara de “vida de estrella de cine”.

Historia real:

Soy una micro-emprendedora. Me llamo Isabel. Hace años que hago un producto de calidad, que logro publicitarlo como puedo, es decir, con muchísimo sacrificio, y vengo adelantando de a pasos muy pequeños. Por razón de mi trabajo tomé contacto con una colega que desde muy joven comenzó por un camino muy parecido al mío pero, a diferencia de mi caso, ella hoy es famosa, su marca es reconocida en el mundo, y la verdad, ha construido un imperio.

Además, admito que la última vez que la vi en su oficina, la vi radiante, exitosa, con un cuerpo que no tiene nada que envidiarle al de su propia hija que es tan bella y exitosa como su madre.

Esa noche, me fui a la cama con una sensación extraña. Había sentimientos encontrados. Fui honesta conmigo misma y me dije: “sentís envidia por tu colega”.

Sí… eso era. Me pregunté una y otra vez qué había hecho ella diferente, cómo pudo una llegar a tanto y la otra a tan poco (comparativamente, claro). La diferencia era abismal. Un imperio, éxito, reconocimiento, muchísimo dinero, un cuerpo y una cara radiantes, en fin… ella parecía tenerlo todo y yo… Sentí que a ella la vida le sonreía y que a mí ni siquiera me miraba... Por unos minutos… ¡quise estar en su lugar!

Tomé nota de este sinceramiento en mi diario. En él registro mis impresiones, mis sueños y mis sentimientos desnudos, descarnadamente. Sin adornos.

Al poco tiempo, llegó una noticia que me hizo comprender: venia de mi colega. Esa bella mujer a quien envidié hasta sentir vergüenza. Su hija acababa de tener un accidente fatal y moría dejando huérfano a un bebe recién nacido. En ese instante advertí que no deseaba estar en su lugar.

Es más, tal vez era ella ahora quien sintiese un poco de envidia por mí. Soy una persona sana, tengo un trabajo que me gusta, una familia que adoro en la que reina el amor y un cuerpo con huellas del paso de los años, algunos achaques propios de la edad, alguna depresión de vez en cuando, ropa poco glamorosa, casi nada de fama y un emprendimiento que demanda mucho y lejos está de ser la empresa soñada. También lo registré en mi diario. Comprendí que la crisis, es un evento del que absolutamente nadie escapa. Las vidas de Hollywood ¡son de celuloide!

Los lóbulos prefrontales (LPF): Nuestros ¨aliados¨ en ese gran desafío, son los lóbulos prefrontales (LPF). Éstos son parte de la corteza cerebral frontal y constituyen las áreas más evolucionadas de nuestro cerebro. Tienen el inmenso poder de conducir todas las actividades cognitivas (intelectuales), y son además los responsables de nuestra “inteligencia emocional”, tanto a nivel personal (inteligencia intrapersonal) como social (inteligencia interpersonal). Las funciones cognitivas y ejecutivas de los LPF terminan de madurar a los 25 años.

Son el asiento de las cualidades cognitivas-ejecutivas y éticas del ser humano. Son los que poseen la capacidad de frenar los instintos, los mecanismos generadores de distrés y los principales responsables de modelar la conducta. Son los que bien usados nos hacen sobrellevar nuestras inevitables crisis y salir fortalecidos de las mismas.

Esta parte del cerebro corresponde a la capacidad de concentración, de perseverancia, de disfrutar, de pensar abstractamente, del sentido del humor y, en último término, de la integración armónica del yo.

Nos permite prever consecuencias de las acciones, perseverar, tener flexibilidad y cambiar de planes, adaptación a los cambios, control de los impulsos, toma de decisiones voluntarias, capacidad de elección, dar significación a nuestro mundo y nuestra vida, automotivación, capacidad creativa, creación de nuevas opciones y alternativas, retardo de la gratificación, dirección hacia planes de vida constructivos, elección de valores sociales, trascendencia, manejo de la adversidad y la frustración, empatía y manejo de las relaciones interpersonales.

Durante la niñez la falta de interacción emocional con adultos perjudica la correcta maduración de los lóbulos prefrontales, impidiendo activar el módulo orbito frontal (centro de control emocional).

Sobre la importancia de dichos lóbulos, un estudio realizado por el Dr. Harry Chugany, del hospital de niños de Michigan, en chicos rumanos hace referencia a niños adoptados de orfanatos rumanos por familias occidentales a fines de los 80.

Hasta ser adoptados estos niños habían recibido escasos estímulos y no habían sido atendidos individualmente por adultos y no experimentaron el amor maternal.

La falta de interacción emocional con adultos perjudica la correcta maduración de los lóbulos prefrontales, impidiendo activar el módulo orbito frontal (centro de control emocional).

El doctor Harry Chugany detectó, en la mayoría de los niños rumanos estudiados, alteraciones en los LPF. Estos niños carecen de recursos para enfrentar la adversidad.

Para cuidar los LPF:

Por lo menos una vez al día medite, conéctese con su respiración o si es religioso, ore. El llevar a cabo en forma continuada estas prácticas influye positiva y decisivamente sobre esta parte del cerebro. Se ha comprobado que la meditación de un monje budista, o la plegaria de los creyentes, tienen unas notables repercusiones físicas en los lóbulos prefrontales lo que se traduce en salud, bienestar y en un profundo sentido de unidad con el cosmos—sensaciones que trascienden del mero plano individual—.

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